Análisis de Anno 117: Pax Romana

La mezcla ideal entre una fórmula que no falla y novedades que refrescan cada partida

Francisco Torres
15 minutos de lectura
Anno 117: Pax Romana
Anno 117: Pax Romana
8 RECOMENDADO
Anno 117: Pax Romana

Roma nunca cayó en un día, y Anno 117: Pax Romana te hace entender perfectamente por qué. La nueva entrega de Ubisoft Mainz te colocará en la piel de un gobernador que debe devolver la prosperidad a un Imperio que vive su mejor—y más frágil—momento. Entre ruinas, acueductos, decisiones culturales y un océano de rutas comerciales, el título propone una evolución cuidadosa, pero manteniendo la fórmula clásica. No todo funciona con la misma contundencia, pero todo en su conjunto ofrecen una experiencia única dentro del género city-builders. Por ello, no dudes en leer nuestro análisis completo a continuación.

DESARROLLADOREDITORPLATAFORMASFECHA DE LANZAMIENTOVERSIÓN ANALIZADA
Ubisoft MainzUbisoftPC · PS5 · Xbox Series12 de noviembre de 2025PC

Anno 117: Pax Romana sigue siendo un city builder donde debes gestionar el crecimiento de tu provincia, satisfacer sus necesidades y tejer la logística que mantiene viva su economía. La premisa te sitúa como gobernador romano en plena Pax Romana, con la misión de reconstruir y expandir una región golpeada por una catástrofe reciente. Es un punto de partida funcional, sin alardes, que encaja bien con el énfasis del juego: construir primero y preocuparte por la política después.

La campaña cumple como puerta de entrada, pero no como gran atractivo. Se estructura de forma clásica, alternando misiones guiadas con pequeños segmentos narrativos y un par de decisiones morales aquí y allá. Sus dos protagonistas —Marcia o Marcus— aportan ligeros matices en tono y enfoque, aunque en lo jugable apenas cambia la experiencia. La historia avanza de manera competente, con algunos giros interesantes, pero permanece dentro de un terreno seguro y previsible. Siendo una “introducción extendida” que te prepara para lo realmente importante: el modo sandbox.

Donde sí brilla la campaña es en su capacidad para enseñar sin abrumar. El tutorial no sigue la forma de un gran manual, sino que se distribuye a lo largo de las primeras horas mediante misiones contextuales y consejos de Ben-Baalion, el asistente que te señala errores, necesidades o cuellos de botella. La guía es clara, constante y rara vez intrusiva, aunque en ocasiones puede pecar de comentar lo obvio en lugar de aportar soluciones concretas. Aun así, para quien llegue sin experiencia previa en la saga, el aprendizaje resulta fluido y progresivo. Para los veteranos esta fase puede sentirse demasiado limitada.

Anno 117: Pax Romana

El modo sandbox es, sin discusión, el núcleo de Anno 117: Pax Romana. Es aquí donde el juego se quita las limitaciones de la campaña y despliega toda su complejidad, dando espacio a la planificación a largo plazo, a la optimización obsesiva y a la libertad creativa que define a la saga desde hace décadas.

Lo primero que sorprende es la cantidad de opciones previas a la partida. Puedes ajustar economía inicial, disponibilidad de recursos, agresividad de facciones, presencia de amenazas militares y hasta decidir si empiezas en el Lacio romano o directamente en los marjales celtas de Albión. Esta simple elección cambia por completo el arranque: comenzar en Latium ofrece un primer acto más clásico y estable; hacerlo en Albion implica gestionar recursos difíciles, terrenos complicados y producir bajo presión desde el minuto uno.

Anno 117: Pax Romana

Una de las decisiones más interesantes se encuentra en la integración cultural. Tras los primeros compases en Albion, tarde o temprano llega el momento de decidir: ¿respetarás la identidad celta o promoverás la romanización? No es una elección meramente estética —aunque la arquitectura cambia—, sino que afecta a la segunda capa de población, sus necesidades, sus bonificaciones y su forma de integrarse en la red económica. No transforma la experiencia de arriba abajo, pero sí introduce ramificaciones que dan variedad a cada partida y diferencian tus ciudades de las de otro jugador.

La estructura económica mantiene la profundidad histórica de la franquicia, pero con un diseño más legible y modular. Las islas tienen fertilidades exclusivas, la producción se encadena con precisión, y la gestión logística se convierte en el aspecto más importante del imperio. Cuando tus rutas comerciales empiezen a extenderse entre múltiples islas —cada una especializada en uno o dos recursos clave—, el juego alcanza su punto dulce. Además, la flexibilidad es mayor que nunca gracias al nuevo sistema de atributos, que permite ascender poblaciones sin cumplir todas sus necesidades, sino alcanzando un número de puntos concreto.

Y luego está quizá la novedad más transformadora: la pausa activa. El poder rediseñar un barrio entero, mover edificios, replantear cadenas logísticas o trazar acueductos mientras el tiempo está congelado es una mejora de calidad de vida gigantesca. Hasta ahora, reorganizar una ciudad podía sentirse como un auténtico caos; ahora se realiza con total tranquilidad.

Anno 117: Pax Romana introduce tres sistemas que buscan añadir nuevas dimensiones al bucle clásico: el árbol de investigación, la religión y el renovado componente militar. Ninguno de ellos reinventa el ADN de la saga, pero juntos forman un triángulo que amplía la toma de decisiones y ofrece más personalidad a cada partida.

El sistema de investigación es, con diferencia, la novedad mejor planteada del conjunto. Aquí no se trata de desbloquear tecnologías de forma automática al subir de población: ahora deberás invertir puntos de ciencia obtenidos en escuelas y edificios avanzados para desbloquear mejoras, infraestructuras y nuevos elementos estructurales.

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Este árbol —dividido en ramas económica, civil y militar— tiene una ruta lógica sin ser restrictivo. Requiere planificar, priorizar y asumir que no puedes tenerlo todo a la vez. Sus efectos son tangibles: mejores carreteras, hospitales más eficientes, edificios que rinden más con menos empleados, nuevos módulos navales, sistemas ciudadanos más optimizados… La sensación de avance es constante, incluso en partidas de muchas horas, manteniendo vivo el interés cuando la ciudad ya parece plenamente asentada.

La religión, en cambio, se queda un paso por detrás. La idea es potentísima: templos dedicados a divinidades romanas o celtas, cada una con bonificaciones que afectan a la producción, la logística, la fertilidad o el desempeño militar. Además, puedes cambiar de dios en cada isla y existe una deidad predominante a escala imperial según la fe de tu población.

El concepto es excelente en papel, pero en práctica su impacto suele sentirse más estético que estratégico. Los bonus existen, sí, pero rara vez obligan a alterar tu ruta de desarrollo o tu planificación económica. Se convierte en un sistema agradable, temático, coherente con el periodo histórico… pero no tan transformador como podría ser. Aun así, aporta distinción entre islas y sirve como una capa adicional al imperio.

Anno 117: Pax Romana

El componente militar es la novedad más llamativa, pero también la más delicada. Aquí no hay batallas tácticas, las legiones se reclutan en unidades completas, los asedios son relativamente simples y la estrategia se basa más en la logística que en la microgestión. Ganar depende tanto de la preparación —armamento, suministros, formación— como del combate en sí.

El resultado es una capa militar que no pretende ser un juego dentro del juego, sino un complemento que te empuja a industrializar, asegurar recursos y proteger rutas. En ese sentido funciona muy bien: obliga a tomar decisiones, genera tensión cuando toca defender una isla y añade variedad a las partidas sin romper la estructura económica.

En el mar, los cambios son más notorios. Las naves son modulares, permiten configuraciones distintas según el rol que quieras darles y hacen que la flota sea más flexible. Tampoco transforma el meta, pero aporta una buena complejidad.

Anno 117: Pax Romana

Además de los pilares económicos y militares, Anno 117: Pax Romana introduce una serie de sistemas complementarios que, sin ser protagonistas, definen el ritmo de una partida larga. Unas opciones para tener más control, más opciones y menos fricciones.

La diplomacia nunca ha sido el fuerte de la franquicia, y aquí tampoco aspira a serlo. Las relaciones con otros gobernadores se basan en afinidades culturales, acciones comerciales y en cómo reacciones a sus peticiones. Es funcional, poco sofisticada y rara vez sorprende, pero tiene un detalle clave: está más conectada al comportamiento del jugador.

Ayudar a un rival, firmar acuerdos o respetar su identidad cultural mejora relaciones; elegir un dios despreciado por otro gobernador puede deteriorarlas. No son sistemas profundos, pero sí coherentes. Lo justo para añadir un toque de imprevisibilidad sin complicar el núcleo económico.

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La parte más sólida esta en el conjunto de herramientas que permiten una gestión más precisa. El nuevo sistema de atributos —que determina el ascenso social en función de puntos, no de requisitos rígidos— abre la puerta a distintas rutas de desarrollo. Puedes elegir priorizar pescado sobre avena, o centrarse en la producción local en lugar de importar. Son decisiones pequeñas, pero acumuladas moldean la identidad de tu ciudad.

Además, las islas están diseñadas para obligarte a pensar a una escala más amplia. No basta con levantar una ciudad bonita: hace falta asegurar cadenas productivas, planificar rutas marítimas eficientes, equilibrar la mano de obra entre poblaciones y asumir que la especialización por islas es prácticamente obligatoria.

El cooperativo de hasta cuatro jugadores es una propuesta muy acertada. No consiste en repartir el mapa: todos controlan la misma ciudad y comparten recursos, decisiones y problemas. Es una forma muy natural de dividir tareas —uno vigila la logística, otro gestiona el barrio noble, otro se encarga de la expansión naval— y convierte lo que a veces puede ser abrumador en un ejercicio de planificación conjunta.

No está libre de fallos: la imposibilidad de cambiar la velocidad en multijugador hace que algunas sesiones sean más lentas de lo deseado y pueden aparecer desincronizaciones ocasionales (aunque se están solucionando). Pero cuando funciona, funciona muy bien. Es una manera distinta de vivir Anno, menos individualista y más colaborativa.

Visualmente, Anno 117: Pax Romana es uno de esos juegos que no necesitan un salto técnico para impresionar. Las ciudades rebosan vida, desde los mercados abarrotados hasta los hornos que humedecen el aire con sus columnas de humo. Latium luce luminoso, ordenado y casi idealizado; Albion, en cambio, apuesta por tonos más fríos, zonas pantanosas y un relieve más agresivo. Su iluminación y texturas también están muy bien seleccionadas, consiguiendo un estilo elegante y coherente con su ambientación. No es un salto generacional, pero sí un trabajo artístico sólido y minucioso.

Con relación a su apartado sonoro, los efectos de sonido están muy bien integrados, desde herreros golpeando el metal hasta el ruido de los animales, todo está muy detallado para crear la mejor inmersión posible. El doblaje está disponible en varios idiomas, pero no al castellano; eso sí dispone de textos localizados al español. Por último, su banda sonora apuesta por melodías con un tono estilo mediterráneo suave, que acompaña sin molestar. Puedes escuchar su banda sonora oficial en Spotify.

Anno 117: Pax Romana está recomendado porque es una nueva entrega de la saga en la que todo veterano se sentirá cómodo de jugar y es muy accesible para nuevos jugadores. Dispone de bastante contenido para perderte en él durante semanas. No es el salto gigantesco que algunos puedan esperar, pero sí es una entrega notablemente fuerte, cuidada y con un futuro muy prometedor.

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Por último, dar las gracias a Ubisoft España por cedernos una copia de Anno 117: Pax Romana.

Anno 117: Pax Romana
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