Es evidente que Balatro fue un punto de inflexión para la industria y abrió un camino de juegos clásicos de toda la vida con un giro caótico, normalmente gracias al género de los roguelike. Pues bien, Gambonanza coge ese concepto y lo une con el ajedrez, creando una experiencia chulísima y que te atrapará sin piedad. La demo me enamoró en su día y el juego completo me ha flipado. Análisis.
| DESARROLLADOR | EDITOR | PLATAFORMAS | FECHA DE LANZAMIENTO | VERSIÓN ANALIZADA |
|---|---|---|---|---|
| Blukulélé Studio | Stray Fawn Publishing | PC | 1 de mayo de 2026 | PC |
Balatro pero con ajedrez, eso es Gambonanza
El día que me dieron la clave de Gambonanza lo empecé a jugar con mi novia al lado y, de vez en cuando, ella miraba la pantalla con interés. Un rato después se unió a mi partida y estuvimos jugando juntos (no hay modo cooperativo, ¿eh? No me malinterpretes, pensábamos las jugadas y movimientos juntos). Me parece una anécdota que ejemplifica lo bueno que es el título de Blukulélé.
Gambonanza es Balatro pero con ajedrez. Fácil de explicar, y más sencillo de entender, ¿verdad? Es un roguelike en el que juegas partidas adulteradas de ajedrez contra la IA. Y no digo esto ni siquiera por todos los modificadores y efectos locos que modifican el juego clásico que conoces, sino porque cada ronda ofrece una experiencia reducida y muy concreta, con sólo algunas piezas y órdenes de salida muy variopintos.
Además, es un chess-builder (me voy a inventar el término sacado de deck-builder): conforme avanza tu partida, puedes ir construyendo tu set de ajedrez, incorporando nuevas piezas y modificadores. Aún así, al principio sólo podrás tener tres piezas en juego, pero es algo que puedes ampliar en la tienda que aparece entre partida y partida. Las reglas del ajedrez se mantienen, pero esa es la punta del iceberg.
En cada ronda de la partida ganas dinero y, en la ya mencionada tienda, puedes adquirir nuevas piezas, casillas especiales y los llamados Gambitos, objetos que se activan bajo ciertas condiciones y que pueden decantar la partida a tu favor. Puedes tener hasta 5 y tienen un impacto muy alto. Por ejemplo, hay uno que te permite atravesar tus propias piezas para hacer movimientos imposibles.





El ajedrez más dinámico del mundo
Porque sí, como te he dicho, las reglas básicas del ajedrez rigen el núcleo del juego, pero Gambonanza busca el caos y la diversión, así que los modificadores cambian las normas. Esto provoca que este deporte pausado se convierta en una locura en la que un peón se puede convertir en una dama si esperas un turno sin hacer nada (sí, puedes pasar hasta tres veces por partida).
Pero hay más, ¿eh? Las casillas especiales que puedes comprar modifican el tablero y, por ejemplo, es posible tener un cuadro que te protege un turno de “los ataques” del contrincante, un movimiento imposible en el ajedrez normal, pero que aquí te abre la posibilidad de hacer una jugada maestra. Y a veces es necesario, porque igual el rival tiene cuatro damas en juego, algo que puede hacértelo pasar muy mal.
Una cosa curiosa, que hace que no puedas dormirte en los laureles, es que cada partida se debe superar en un número determinado de turnos. Si no lo logras, las piezas del tablero irán cayendo al vacío en cada jugada posterior y, en ese momento, comienza una batalla por la supervivencia. Para pasar de ronda, debes ganar, con al menos una pieza viva, claro, porque las que pierdes ya no vuelven.
Aunque el punto álgido de la locura llega con los jefes, enemigos que son capaces de alterar todavía más cada partida con efectos únicos. Como no tengas claro lo que hacen, ten por seguro que tu viaje acabará en ese momento. Es necesario vigilar de forma clara esas habilidades para salir victorioso. Ofrecen más tensión, pero la realidad es que es tremendamente divertido y ágil. Acelera el ajedrez clásico.
La progresión es la vista en otros juegos del estilo, como CloverPit. Con ciertas acciones desbloqueas Gambitos que te pueden salir en partidas futuras, por lo que estarás más cerca de ganar en las runs que intentes más adelante. También, como otros títulos de este género, es posible configurar las partidas antes de comenzar un intento para aumentar dificultad o realizar algunos ajustes.
¿Es todo bueno? Pues, sinceramente, sí. Lo único que algunos jugadores pueden encontrar como algo negativo es que la máquina, a veces, comete errores un poco tontos. En general, es buena y dura, pero hay momentos en los que se arriesga o se mueve de forma suicida. A mí no me ha molestado, porque entiendo que es algo hecho a propósito: si no fuera así, muchas partidas se bloquearían.
No creo que esto le quite gracia o dificultad, aunque ganar una primera vez es relativamente sencillo si piensas con cabeza, pero no siempre es fácil. En rondas avanzadas hay muchas variables en cada jugada (por cierto, si pasas el cursor por encima de cada pieza puedes ver sus posibles movimientos, algo que ayuda mucho, especialmente si no eres un crack en el ajedrez, como es mi caso).
Gambonanza me ha encantado. Creo que es una idea genial unir Balatro y ajedrez, y la ejecución es limpia, directa y entretenida. Dinamiza y agiliza un juego que puede ser lento, y lo convierte en una experiencia que te absorbe casi sin que te des cuenta. En PC funciona genial a 4K y 60 FPS, el pixel art le sienta genial y está en castellano en todos los textos, así que no tienes excusa para no viciar.
Conclusiones
Gambonanza mezcla ajedrez y roguelike con una naturalidad fantástica, convirtiendo cada partida en una sucesión de decisiones rápidas, locuras tácticas y pequeñas genialidades. Es ágil, adictivo, bonito, funciona muy bien en PC y está en castellano, así que si te atrae mínimamente la idea de un “Balatro con ajedrez”, aquí tienes un juegazo.

Por último, dar las gracias a Stray Fawn Publishing por cedernos una copia de Gambonanza.






