Análisis de I Hate This Place

Jugamos a este survival con estética ochentera

José Miguel Rodríguez Ros
7 minutos de lectura
I Hate This Place
I Hate This Place
5
I Hate This Place
STEAM

Es cierto que I Hate This Place entra por los ojos: esa estética ochentera con estilo de cómic con toque de terror encandila a cualquiera. Por desgracia, no es oro todo lo que reluce, y en esta ocasión encontramos un videojuego con varios problemas que hacen que la experiencia se resienta bastante. Probablemente, es una de las primeras decepciones del año en el panorama indie. Análisis.

DESARROLLADOREDITORPLATAFORMASFECHA DE LANZAMIENTOVERSIÓN ANALIZADA
Rock Square ThunderFeardemicPC · PS5 · Nintendo Switch · XSERIES29 de enero de 2026PC

I Hate This Place lo tenía todo para triunfar. Un videojuego de supervivencia y terror con estética ochentera y vista isométrica suena muy bien. Y la realidad es que el título de Rock Square Thunder tiene destellos que demuestran que la idea es interesante, pero la ejecución no tanto. Es una pena, sobre todo porque muchos de sus inconvenientes son difíciles de entender. Son errores extraños.

El primer gran problema es que el juego no explica prácticamente nada. Y sí, sé que puedes estar pensando que eso funciona en algunos juegos y que no es motivo de crítica. Te aseguro que en esos casos hay un buen trabajo de introducirte a las mecánicas, aunque no sea con tutoriales al uso. En I Hate This Place no sucede nada de eso, de ninguna forma.

I Hate This Place

De hecho, el gran problema no es que no explique algunas cosas básicas; eso lo podemos descubrir por nuestra cuenta. El inconveniente principal es que el videojuego tiene algunos sistemas de cierta complejidad (e importancia para el correcto avance) que no detalla en ningún momento. Esto hace, principalmente, que la aventura sea más torpe de lo debido porque es complicado hacer uso de esos sistemas sin conocerlos.

Al principio, entras en una especie de mazmorra, que debes explorar como si fuera una especie de Resident Evil clásico muy descafeinado. Avanzas por diferentes salas y vas desbloqueando nuevos caminos. Pero esto es un espejismo, porque el juego ni siquiera va de eso. Cuando sales, se abre el mundo abierto que debes descubrir durante el día y la noche, con eventos exclusivos en ambos momentos.

Es posible construir tu propia zona segura, con elementos básicos de creación de bases. Puedes construir mesas de trabajo, granjas y otras utilidades para obtener recursos. Esto último es importante, porque se carga bastante la experiencia. No es un error como tal, pero este planteamiento elimina la tensión de ir justo de recursos, algo clave en los juegos de terror. Acaba siendo más acción que otra cosa.

Eso sí, donde aporta algo un poco distinto es en el sigilo. De hecho, es la única mecánica que, sin explicarla del todo bien, se entiende al completo. Ahí sí hay un buen trabajo ambiental para que comprendas cómo se comportan algunos enemigos y cómo puedes afrontar algunas situaciones. Es el aspecto que funciona mejor, aunque no termina de encajar con la propuesta general.

Hablando de peleas, en tu base puedes fabricar armas que te servirán para defenderte de los enemigos. El combate es muy tosco y poco estimulante, y desplazarte por el mundo acaba siendo algo muy pesado porque está lleno de criaturas. De hecho, tampoco merece la pena enfrentarse a ellos por looteo, porque el apartado survival te da la autosuficiencia plena. Hay muchos desequilibrios en el planteamiento.

Aunque visualmente entre por los ojos, la historia tampoco es muy acertada. Al principio, sin contexto alguno, la protagonista Elena y Lou realizan una especie de ritual extraño que sale mal y les hace terminar en el mundo hostil del título. Lou ha desaparecido y parte de tu objetivo, además de sobrevivir, es encontrar a tu colega. Pero el relato también se ve lastrado por una interfaz de usuario mejorable.

Además de que los menús son reguleros, los bocadillos de los diálogos no quedan muy bien. Es cierto que conceptualmente tienen sentido con la estética cómic, pero a nivel visual no terminan de encajar. Es una sensación un poco extraña, pero se mantiene con todo el juego: hay una idea interesante que no termina de llevarse bien a cabo. Y es algo que se nota mucho.

A nivel de rendimiento no he tenido mayor problema en mi PC a 4K y 60 FPS (Gigabyte RTX 4080 Gaming OC 16GB GDDR6X y un Intel Core i7-14700K), pero no me ha sorprendido visualmente, sobre todo porque la noche es demasiado oscura y en el día se ve que los modelados no son una gran maravilla. En Steam Deck va aceptablemente bien, aunque no tiene la verificación.

I Hate This Place es un videojuego que entra por los ojos y que parte de una idea muy atractiva, pero cuya ejecución está llena de decisiones difíciles de justificar. La falta de explicaciones, los desequilibrios en su planteamiento survival, un combate tosco y una narrativa poco cuidada hacen que la experiencia se resienta de principio a fin.

Por último, dar las gracias a Feardemic por cedernos una copia de I Hate This Place.

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