Análisis de Kiln

Caos, creatividad y cerámica en un multijugador con una idea original

Francisco Torres
9 minutos de lectura
Kiln
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7 RECOMENDADO
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STEAM

Tras el lanzamiento de Keeper hace unos meses, Double Fine Productions nos vuelve a sorprender con una idea poco convencional. En esta ocasión, han creado Kiln, un brawler multijugador por equipos que mezcla acción rápida con un sistema de alfarería. Aunque pueda parecer que el juego se haya anunciado recientemente, no es así, ya que en 2017 el estudio mostró este prototipo en un vídeo en YouTube. Ahora, con el respaldo de Xbox Game Studios, esta idea ha cobrado vida en forma de una experiencia centrada en partidas rápidas con un enfoque claramente orientado al juego en equipo. Por ello, no dudes en leer nuestro análisis completo a continuación.

DESARROLLADOREDITORPLATAFORMASFECHA DE LANZAMIENTOVERSIÓN ANALIZADA
Double Fine ProductionsXbox Game StudiosPC · Xbox Series23 de abril de 2026PC

De primeras, Kiln es uno de esos títulos a los que les gusta innovar. El juego propone convertir la alfarería en el eje de un multijugador por equipos, donde no controlaras a personajes tradicionales, sino a vasijas de cerámica habitadas por espíritus. Unas vasijas cuya forma define directamente como se juega. Un recipiente grande puede resistir más daño y aportar presencia en combate, mientras que uno pequeño sacrifica fuerza a cambio de velocidad y movilidad.

Esta idea tan simple sostiene prácticamente todo el diseño del juego. Las partidas giran en torno a un objetivo claro, el coordinarse en equipo para apagar el horno rival, simplemente deberás de recolectar agua y llevarla al punto enemigo mientras los enfrentamientos son un caos total. Destacar que aquí no hay una narrativa profunda, sino una premisa directa que sirve como excusa para mezclar creatividad y acción en un mismo lugar.

Lo interesante es cómo el juego consigue que una actividad normalmente asociada a lo calmado y artesanal se transforme en algo completamente opuesto: ritmos rápidos, enfrentamientos constantes y decisiones que debes de tomar en segundos. Esa tensión entre crear y destruir es la que define la identidad del proyecto.

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Uno de los pilares más llamativos de Kiln es su sistema de creación de vasijas. Lejos de ser un simple editor cosmético, el proceso de moldeado tiene un peso directo en la jugabilidad. Aquí deberás de trabajar con un torno para dar forma a la arcilla, ajustando parámetros como altura, anchura o profundidad, lo que termina definiendo el tipo de recipiente que se está creando. No es una personalización superficial, porque cada decisión en su diseño afectará posteriormente al rendimiento en las partidas.

A partir de esa forma base, el juego clasifica automáticamente la vasija en distintos tipos, lo que determina sus atributos y habilidades. Aquí entra en juego una de sus ideas más interesantes. No es lo mismo una pieza pequeña, rápida y difícil de alcanzar, que una estructura grande y pesada capaz de absorber daño y dominar el espacio. Esa relación entre diseño y función hace que cada creación tenga identidad propia.

Además, el sistema no se limita a lo estructural. A medida que vayas progresando en tu nivel, se irán desbloqueando nuevas herramientas para añadir detalles como colores, patrones, asas o elementos decorativos. Esto amplía mucho las posibilidades de personalización y permite que cada jugador pueda construir algo reconocible, incluso dentro del caos de las partidas.

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La jugabilidad de Kiln se apoya en una estructura sencilla, pero muy orientada al dinamismo. Los controles son accesibles desde el primer momento, centrados en moverse, rodar, atacar y utilizar una habilidad especial asociada a la forma de la vasija. No hay una curva de entrada especialmente exigente, lo que permite que cualquier jugador pueda entender lo básico en pocos minutos.

A partir de ahí, el juego gana profundidad gracias a la combinación entre tamaño y tipo de vasija. Las diferencias entre modelos no solo afectan a la velocidad o la resistencia, sino también a la manera en la que se interactúa con el entorno y con los enemigos. Esto hace que cada partida tenga un punto de imprevisibilidad constante, ya que los enfrentamientos dependen mucho de cómo se haya construido cada recipiente.

En combate, la acción se desarrolla de forma rápida y bastante caótica. Los enfrentamientos rara vez son limpios, y es habitual que varios jugadores coincidan en el mismo punto, especialmente alrededor de los objetivos principales. Eso sí, Kiln premia tanto la agresividad como la coordinación en equipo, ya que avanzar sin apoyo suele terminar mal, pero tampoco es obligatorio jugar de forma extremadamente táctica para disfrutar de la experiencia.

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En su estado actual, Kiln apuesta claramente por la simplicidad en cuanto a contenido. La experiencia se agrupa en un único modo principal, donde dos equipos de cuatro jugadores compiten por apagar el horno enemigo. Esta decisión hace que todo el diseño esté muy enfocado, pero también limita bastante la variedad a largo plazo.

Todas las partidas se desarrollan en mapas relativamente compactos, con variaciones en su diseño que introducen pequeñas diferencias en la forma de moverse o acceder a los puntos de agua. Aun así, el número de escenarios disponibles en el lanzamiento es reducido, lo que hace que las situaciones acaben sintiéndose familiares tras varias horas de juego.

En cuanto a la progresión, el juego incluye un sistema de niveles que desbloquea principalmente elementos de personalización para las vasijas. No hay grandes cambios en la jugabilidad a medida que se avanza, sino una expansión del abanico estético y de opciones de creación. Double Fine Productions ha querido que todo se centre en la experimentación visual y funcional, más que en una evolución profunda del propio jugador.

En lo visual, Kiln apuesta por un estilo claramente reconocible dentro de lo que suele hacer Double Fine Productions. El juego tiene un enfoque muy colorido, algo caricaturesco y con un fuerte énfasis en la personalidad de sus elementos. Las vasijas, los escenarios y los propios espíritus tienen un diseño que busca ser expresivo más que realista, lo que encaja bien con la idea central de la propuesta. Su iluminación y sistema de físicas del agua también están muy bien logradas, acorde a todo el apartado gráfico.

Con relación a su apartado sonoro, los efectos de sonido están muy bien seleccionados para crear la mejor experiencia posible, desde sus impactos hasta el escuchar cómo se rompen las vasijas. En esta ocasión, el título está disponible con voces en inglés, pero todos sus textos están localizados al español. Por último, su banda sonora no destaca mucho, pero sí acompaña constantemente sin resultar demasiado molesta.

Kiln está recomendado porque es uno de esos juegos que sorprenden más por su concepto que por su ambición en contenido. Double Fine Productions ha acertado de lleno en la creatividad y en cómo se integra la personalización dentro del gameplay, pero se eclipsa por la falta de contenido y variedad. Es un título que funciona muy bien en sesiones cortas y en grupo, aunque todavía necesita más recorrido.

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Por último, dar las gracias a Xbox España por cedernos una copia de Kiln.

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