Los indies siguen sorprendiéndonos, porque el éxito de RACCOIN: Coin Pusher Roguelike no lo vi venir yo tampoco. Es cierto que me llamaba la atención, pero no pensaba que fuera a ser tan bueno. No conseguimos acceso antes de su salida (de hecho, ha sido mucho después), pero ya he pasado unas cuantas horas viciando a unos de los roguelike más absorbentes desde Balatro. Análisis.
| DESARROLLADOR | EDITOR | PLATAFORMAS | FECHA DE LANZAMIENTO | VERSIÓN ANALIZADA |
|---|---|---|---|---|
| Doraccoon | Playstack | PC | 31 de marzo de 2026 | PC |
Un juegazo de… ¿empujar monedas?
La verdad es que no me resulta fácil explicar qué es RACCOIN: Coin Pusher Roguelike. Es uno de esos videojuegos que hay que ver para entenderlos pero, en resumen, es un roguelike en el que empujas monedas en una máquina y, cuando se caen de la misma, obtienes puntos. ¿Tu objetivo? Conseguir superar todas las rondas de empuje y superar la puntuación máxima.
He vuelto a leer el párrafo anterior y suena raro, pero no se me ocurre una mejor forma de definirlo. Cuando arrancas una partida, la máquina está llena de monedas básicas cuyo valor es 2 puntos. La parte superior se mueve, lo que provoca que el metálico avance hacia la parte inferior y, si obtienen los suficientes golpes, caigan a la zona de puntuación. Pero tu intervención cambia el devenir de la partida.
Para empezar, en cada ronda tienes la posibilidad de lanzar monedas en la parte superior de la máquina. Con esa acción, acumulas más piezas y, por física pura, estas empujan a las que están más abajo. Pero la puntuación de las básicas es demasiado baja, así que tienes la opción de comprar otras monedas especiales después de cada ronda que cuentan con efectos de los más variopintos.
Te aseguro que la variedad de las monedas es sorprendente: puedes encontrar desde fichas que simplemente aumentan el valor de las adyacentes, hasta otras que, de vez en cuando, se estiran como una jirafa y barren todo lo que hay a su alrededor para ayudarte a puntuar. También hay otras que transforman a las que les rodean, u otras que crean efectos locos, como un láser que mejora la puntuación.
Pero la jugabilidad de RACCOIN: Coin Pusher Roguelike no se queda ahí: hay pasivas que puedes adquirir para obtener mejoras permanentes, poderes de un sólo uso que cambian el rumbo de la partida o la posibilidad de intercambiar tickets (la divisa para comprar cosas en la tienda) por más monedas para seguir empujando. Si en algún momento no eres capaz de conseguir la puntuación objetivo de la ronda, game over.
Para darle aún más gracia al asunto, hay 6 personajes diferentes con características únicas que introducen alguna variable al juego, que también puede cambiar por la dificultad de la mesa seleccionada y otras opciones que es posible desbloquear y cambiar antes de comenzar una partida, al más puro estilo Balatro. Y sí, RACCOIN es bizarro, único y extraño, pero es un vicio del que es difícil salir.





Caos, pero con estrategia
Como sucede en el ya más que mencionado Balatro, en Cloverpit o incluso en Cookie Clicker, hay cierta atracción en la jugabilidad. No sé si es porque, en el fondo, nos gusta la ludopatía y los efectos coloridos que te atrapan por abrumadores, pero la realidad es que el tiempo se pasa volando jugando a este roguelike. Aún así, que no te confunda su aparente caos (que lo hay), es un juego más estratégico de lo que parece.
Al principio es normal que tires las monedas sin prestar mucha atención, o que los efectos de las especiales te parezcan demasiado complejos como para mostrar interés, pero te aseguro que conforme juegues te darás cuenta de que es imposible llegar lejos sin comprender bien lo que RACCOIN: Coin Pusher Roguelike plantea. Dentro de su locura hay un orden y aprender a manejarlo es clave, sobre todo en dificultades altas.
Al final, como pasa en otros roguelike del estilo (bueno, ya me entiendes, porque no hay nada parecido a esto), una cosa es echar una partida y otra es dominarlo para superarlo. Sin duda, hay cierta aleatoriedad en el discurrir de cada ronda y es complicado tener un control absoluto (por no decir imposible, porque muchas monedas actúan a lo loco), pero se puede jugar intentar jugar bien.
¿Es perfecto? No, y no creo que llegue al nivel de Balatro, sobre todo porque uno de los problemas que tiene es precisamente que esa parte estratégica se diluye un poco por la imperiosa necesidad de utilizar mucho los poderes y por ese lado tan random de algunas monedas (por no decir que muchas son bastante inútiles). Aquellos jugadores que busquen algo que puedan tener totalmente bajo control mejor que no se acerquen.
También creo que es un poco tedioso en dificultades muy altas. Es extraño, pero me ha parecido más divertido en los niveles más bajos. En los elevados, debes pensar cada movimiento con mucha más cautela y creo que le quita un poco la gracia de la agilidad que sí tiene en las fases más sencillas (que no es que sean facilísimas). Pero, bueno, son detalles muy concretos que en absoluto empañan un juego fantástico.
Artísticamente me ha gustado mucho y, al comienzo del juego, te permite seleccionar el nivel de pixel art que quieres. Me ha parecido curioso. Por cierto, aplaudo enormemente el buen trabajo realizado con los controles con el mando. Se juega genial de esa manera (también puedes teclado y ratón, claro). La traducción al español es buena, y quizá sólo diría que la música se hace pesada. Muy Balatro, demasiado.
Conclusiones
RACCOIN es un roguelike tan absurdo como adictivo, que esconde más estrategia de la que parece, pero cuyo caos y aleatoriedad le impiden alcanzar la excelencia de referentes como Balatro. Aún así, me parece una de las experiencias más originales y únicas de los últimos tiempos, y el vicio está asegurado.

Por último, dar las gracias a Playstack por cedernos una copia de RACCOIN: Coin Pusher Roguelike.







